lunes, 19 de abril de 2010

El Centauro


Las esculturas ecuestres no tienen comparación, ninguna figura se ve así de imponente en mármol o broce como la de los caballos. Los caballos me parece creaturas grandiosas, de adolecente tuve una yegua blanca que corría con una fuerza atroz, en una oportunidad la montura no quedó suficientemente apretada y mientras galopaba, en cada avance mi iba haciendo de lado, hasta que prácticamente a noventa grados del lomo, salí dando vueltas sobre el polvo como disparado por una centrifugadora, me recuerdo sentado sobre un matocho seco al que fui a parar riendo a carcajadas, de nervios, de adrenalina, maravillado de lo insólito del evento.
En una película de Película Infante, el papá borracho del personaje que representa Pedro toma el porto favorito de éste y sale corriendo, al saltar un cerco le quiebra la pata y tienen que matar al animal. Los que la han visto estoy seguro que recuerdan la escena, a mi me conmovía hasta las lagrimas y todavía siento ganas de matar al viejo borracho que se ofrece como penitencia por haber malogrado al caballo entregándole una pistola a Pedro.
No deja de impresionarme la fuerza que tienen, la sensación de potencia que te transmite ir cabalgando encima de uno de esos portentos.
De entre las virtudes, la de menor
glamour, la que no es muy deseada, ni apreciada como para uno mismo (no obstante que cuando otro la tiene si es muy disfrutable) es la humildad, es una virtud que no dan ganas de cultivar y que casi nadie tiene de forma simplemente espontanea.
Cuando oí que la mejor imagen del significado de humildad y mansedumbre es la de un caballo, la figura me quedo grabada para siempre y cambió mucho mi perspectiva de esta virtud. Humildad y mansedumbre no es debilidad y temor, humildad no es sinónimo de pusilánime, no es el flacuchento que le tiran arena en la Playa en la caricatura de Tensión dinámica de Charles Atlas; humildad es poder controlado, es dominio propio, es la diferencia entre el porto salvaje y el corcel, uno es fuerza desbocada y el otro es poder controlado utilizable. La diferencia es que reconoce amo, un soberbio decimos que es un macho sin dueño.
También me encanta hacer bici montañismo; ayer domingo salimos a dar una vuelta, me gusta el rush que te dan las bajadas, pero no es lo que más me gusta; la dedicación concentrada, la búsqueda de una cadencia en medio del caos del asenso, la administración de la energía, el control de la respiración, la persistencia en la tensión insoportable, el bombeo interno en un endeble balance insufrible de las cuestas es lo que más disfruto.
Cuando me encumbro sobre la bici por pendientes rocosas siento poder y siento control, la fuerza de mis piernas cadenciosas es la materialización eficiente de la concentración de mi alma, el dolor y fragor son clamores en mi espíritu, el fin de cada cuesta es cima, es conquista y es altura y ahí parado sobre el barranco, soy un Centauro.

1 comentario:

Unknown dijo...

muy interesante coach, que imaginacion la tuya